El apagón contra PlayStation se vuelve indefinido: durará "hasta que Sony se dé cuenta de su error"
Los organizadores del #PSBlackout eliminan la fecha de fin tras las críticas, mientras algún usuario pide retrasar la protesta para no perderse la beta de Call of Duty.


De una semana a tiempo indefinido
La protesta contra PlayStation ha subido de nivel. Lo que empezó como un "apagón" de una semana contra Sony se ha convertido ahora en una campaña sin fecha de finalización. Los organizadores, el grupo de preservación DoesItPlay, han modificado el plan y anuncian que el boicot continuará de forma indefinida, "hasta que Sony se dé cuenta de su error".
El cambio de estrategia no es casual. La convocatoria original, fijada del 23 al 30 de agosto, recibió muchas críticas por establecer un plazo cerrado, algo que, según buena parte de la comunidad, restaba toda su fuerza a la protesta: a una empresa del tamaño de Sony le bastaría con esperar a que pasara la semana sin mover un dedo.
Qué piden ahora los organizadores
Con la nueva hoja de ruta, la petición se mantiene pero se prolonga en el tiempo. Se pide a los jugadores que cierren sesión, dejen de jugar, eviten cualquier compra en la tienda y cancelen sus suscripciones, y que lo hagan durante el mayor tiempo que puedan, sin una fecha de fin marcada.
El objetivo es ejercer una presión sostenida sobre las cifras de uso y de gasto de la plataforma, en lugar de un gesto puntual que la compañía pueda ignorar sin más. La idea de fondo es convertirse en "fantasmas" para la plataforma hasta que haya un cambio de rumbo.
El origen: el fin del disco físico
Todo esto arranca de la decisión de Sony de dejar de fabricar discos físicos para los juegos nuevos de PlayStation a partir de enero de 2028, de modo que las cajas solo incluirán un código de descarga. La medida ha generado un profundo malestar entre los defensores del formato físico y la preservación de los videojuegos.
El descontento, además, va más allá del disco: parte de la comunidad enlaza esta decisión con otros movimientos recientes de Sony, como cierres de estudios o el debilitado soporte de algunos de sus productos, dibujando un patrón que consideran cada vez más alejado de los intereses del jugador.
La anécdota que lo resume todo
La convocatoria, eso sí, no está exenta de momentos que reflejan lo difícil que resulta sostener un boicot de estas características. Entre las reacciones al anuncio, algún usuario llegó a pedir que se retrasara el apagón para no perderse la beta de Call of Duty: Modern Warfare 4, que arranca el 28 de agosto, justo en plena protesta.
Esa petición, casi cómica, ilustra el gran problema de fondo del movimiento: la dificultad de que una masa suficiente de jugadores renuncie a sus juegos y lanzamientos favoritos durante un periodo indefinido de tiempo.
¿Tendrá impacto real?
La duda que sobrevuela toda la iniciativa es si logrará hacer mella. El movimiento vive sobre todo en redes sociales, un entorno que representa solo una pequeña parte de la enorme base de usuarios de PlayStation Network, que supera los cien millones de cuentas activas.
Aun así, y al margen de su efectividad, el #PSBlackout ha conseguido mantener el debate sobre el físico y la propiedad de los juegos en el centro de la conversación. Ahora, convertido en protesta indefinida, habrá que ver cuántos jugadores están dispuestos a sostener el pulso a Sony y durante cuánto tiempo.
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