El codirector de Redfall admite que Arkane "nunca debería haber trabajado en un juego como servicio"
Harvey Smith y Ben Horne, hoy al frente del nuevo estudio Black Pony Immersive, repasan qué salió mal con Redfall y por qué quieren volver a los immersive sims que hicieron grande a Arkane.


Más de dos años después del batacazo de Redfall, sus responsables han hablado con una franqueza poco habitual sobre lo que ocurrió. Y la conclusión, en boca de su propio codirector, es demoledora: aquel juego nunca debió existir tal y como se planteó.
Un mea culpa sin rodeos
En una entrevista reciente, Harvey Smith, director del estudio y codirector de Redfall, reconoce que Arkane "nunca debería haber estado trabajando en un juego como servicio". Es una admisión importante viniendo de uno de los nombres detrás de Dishonored y Prey, dos referentes del género de los immersive sims, un terreno muy distinto al de un shooter multijugador en vivo.
El problema de fondo: fuera de su terreno
Ben Horne, productor del juego, apunta al mismo diagnóstico. Para él, el mayor problema fue que el equipo estaba trabajando en algo que quedaba justo fuera de su experiencia: expertos en simulación inmersiva metidos a hacer un shooter de servicio en vivo. A eso se sumaron otros factores que coincidieron en el peor momento, como el precio de 70 dólares y la ausencia de un modo de rendimiento en el lanzamiento, que el estudio retuvo para pulir unas caídas de fotogramas y acabó convirtiéndose en otra fuente de críticas.
Del cierre a suplicar terminar el juego
El desenlace es conocido. Tras la mala recepción, Microsoft cerró Arkane Austin en 2024, un golpe duro para un equipo que en algunos casos llevaba trabajando junto desde los años noventa. La historia dejó incluso una estampa amarga: ya despedidos, varios desarrolladores pidieron poder volver para lanzar la última actualización del juego, y se les permitió hacerlo para dejarlo terminado.
Volver a lo que de verdad aman
La parte esperanzadora es lo que ha venido después. Smith y Horne han fundado un nuevo estudio, Black Pony Immersive, con el que aseguran querer regresar a lo que mejor saben hacer. Su intención declarada es no perseguir tendencias del mercado, precisamente el error que muchos señalan como origen del desastre de Redfall.
Queda para el debate hasta qué punto la culpa fue del equipo, de una dirección empresarial que empujó hacia el modelo de servicio o de una mezcla de ambos, y hay argumentos para todas las posturas. Lo que sí parece claro es la lección que sus responsables dicen haber aprendido: hacer los juegos que de verdad quieren hacer.
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